Las baldosas escupidoras son una verdadera trampa para los peatones. Los andenes de Bogotá están rotos, disparejos y llenos de barreras arquitectónicas que los convierten en una colección de obstáculos, desniveles y baldosas sueltas. Todo esto sin mencionar que uno tiene que pasar calles y al bajar del andén puede sentirse como un salto al vacío, pues es más alto que un escalón que sea de altura accesible a una persona de altura promedio.
También hay unas rampas para subir o bajar, pero por la misma altura de la banqueta, tienden a ser peligrosamente empinadas; los andenes son un peligro para personas con discapacidad.
El reto de caminar la ciudad con esclerosis múltiple
Bogotá es una ciudad donde caminar debería ser la mejor alternativa para agendar citas, reuniones y diligencias. Contamos con tiendas, mercados, farmacias, cafés y comercios a distancias relativamente cortas. Nos permite ahorrar tiempo en comparación con el carro o el bus, evitamos consumir combustible y ejercitamos nuestro cuerpo. ¡Pero los andenes están desastrosos! Si sufres una discapacidad, o tienes esclerosis múltiple, como yo, esto se convierte en una experiencia con un alto riesgo de caída.
Discapacidad no es inhabilidad
En nuestro recorrido diario, debemos lidiar con la asimetría del terreno y los desniveles imprevistos mientras gestionamos los síntomas propios de la enfermedad. A veces la dificultad para caminar se intensifica por un problema de visión que nos impide dimensionar las diferencias de altura en la superficie, provocando un tropezón. En otros momentos, la falta de propiocepción o la espasticidad nos hacen perder el balance al pisar una baldosa suelta que se mueve imprevistamente.
Y si a la esclerosis múltiple se le suma una condición de baja densidad ósea como la osteoporosis, el cuidado debe ser extremo para proteger nuestra integridad física.
Barreras de movilidad: Más allá del diagnóstico
No tenemos de otra. Aunque nos desplacemos en vehículo, el mal estado de la vía pública y los andenes de Bogotá exige máxima precaución. En cualquier momento, subiendo o bajando de un carro o entrando a un establecimiento, un desnivel nos puede arrojar al piso. Nadie está exento de un accidente en la calle.
Ahí surge un dilema personal: ¿debemos usar ayudas técnicas como bastones, caminadores o sillas de ruedas para evitar accidentarnos? ¿Nos da pena mostrar vulnerabilidad o sentir que dependemos de un soporte externo?
No estamos inválidos. Cuidar nuestra seguridad al caminar no debería causar vergüenza social o moral. Utilizar una ayuda técnica es una señal de haber superado el temor al qué dirán. Ya superamos el síndrome de “pobrecitos” y la esclerosis múltiple no nos va a mantener rehenes en nuestras casas.
Participación ciudadana y exigencia de un entorno accesible
El mantenimiento del espacio público depende de las alcaldías y de qué tan vocales seamos con nuestras exigencias. Exigir la eliminación de barreras arquitectónicas y defender el derecho a la movilidad es clave al participar en elecciones, eligiendo propuestas alineadas con la accesibilidad universal. Por esta razón redacté Una Carta al IDU, pidiendo soluciones reales para la infraestructura de nuestra capital.
Nos unimos también a la campaña impulsada por Nicolás de Francisco, marcando los huecos y trampas de los andenes con pintura. Esta iniciativa permite visibilizar los puntos críticos para no caer en la trampa y presiona a las entidades encargadas para que reparen el espacio peatonal.
Ayuda ayudándote: Construyamos un mapa de prevención
En este blog comparto imágenes de los andenes y accesos por los que he transitado. Te invito a enviarme fotos de las rutas que acostumbras recorrer para determinar qué tan accesible es Bogotá en general.
Por leves que sean nuestras dificultades, el riesgo de caer o troncharnos un pie es alto. Usar un caminador, un bastón tradicional o bastones de senderismo son decisiones sabias de prevención consciente que nos devuelven la autonomía para transitar la ciudad con mayor seguridad.



