Un nuevo año, un nuevo ritmo: Cómo solté el “freno de mano” de la niebla mental
Mi fin de año fue justo lo que necesitaba: tranquilo, rodeado de familia y amigos. En ese modo “relax”, sentí que el tiempo en casa me hacía mucho bien. Sin embargo, aunque yo descansaba, mi terapia no paró; la esclerosis múltiple no toma vacaciones.
Lo curioso fue cuando decidí que las vacaciones habían terminado y era hora de volver a trabajar. De repente, mi mente dijo “no”. Me sentía como un carro tratando de arrancar con el freno de mano puesto.
¡No podía pensar! Sentía que mi cerebro había sido intercambiado por el relleno de algodón de un cojín. Tomé Matcha y café fuerte buscando despertar, pero no hubo caso.
Esa sensación tiene un nombre clínico: niebla mental o brain fog. Y no es un invento nuestro. Es un síntoma real de la esclerosis múltiple causado por la desmielinización, que ralentiza la velocidad con la que nuestro cerebro procesa la información.
Este “aturdimiento” puede ser especialmente fuerte durante la transición del ocio a la rutina laboral, un fenómeno que los expertos llaman “blues post-vacacional” y que agota rápidamente nuestros recursos mentales.
Durante esos días, perdía mis gafas, mi teléfono y dejaba mis rutinas a medias. Estaba frustrada. Pero al analizarlo, me di cuenta de algo clave: no estaba durmiendo bien.
Mis piernas “saltaban” por la noche, interrumpiendo mi descanso. Resulta que el Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) es entre 3 y 5 veces más común en personas con esclerosis múltiple y es uno de los mayores ladrones de energía cognitiva.
Para recuperar el control, apliqué lo que los terapeutas llaman las “5 Ps” de la conservación de energía :
- Planificación y Priorización: Acepté que no podía hacerlo todo a la vez y elegí solo lo más importante para empezar mi día.
- Pacing (Ritmo): En lugar de forzarme, empecé a intercalar descansos breves para no agotar mi “presupuesto” de energía antes del mediodía.
- Posicionamiento: Organicé mi espacio para tener todo a mano y no cansarme buscando las cosas.
- Permiso: Me di permiso para ir más despacio y dormir un poco más, manteniendo un horario constante para regular mi ciclo de sueño.
También seguí con mi terapia física y movimientos suaves de estiramiento, lo cual es vital para calmar la inquietud de las piernas y mejorar el ánimo.
Pero lo que más me ayudó a “despertar” fue empezar un curso diario de francés de 10 minutos. Retar al cerebro con un nuevo idioma fomenta la neuroplasticidad y es una de las mejores formas de combatir el deterioro cognitivo.
Hoy, finalmente, arranqué mi día sin el freno de mano puesto. Con más energía y las ideas mejor formuladas. Si sientes que estás en esa “neblina”, recuerda que no estás sola y que, con pequeños ajustes y mucha paciencia, las ideas vuelven a fluir.
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